A veces me siento irremediablemente lejos de la literatura, como si el Universo conspirara para que me abra, para que le suelte la mano. Y también me pasa con el periodismo. Es paradójico que siempre que me preguntan a que rama de las Ciencias de la Comunicación Social me quiero dedicar, ponga primero a la Literatura. Siempre digo: quiero ser escritora y periodista. Muchos ejemplares literatos han practicado ambas profesiones al mismo tiempo, quizás ellos han llevado a la máxima el precepto negado por todos los periodistas de: "el periodismo no es objetivo". Quizás por tratarse de artistas, porque a los artistas le importa poco lo que piensan los demás, pasan por este mundo de una manera sobervia diciendo lo que piensan y haciendo lo que quieren -la mayoría de las veces-.Todavía resuenan en mi cabeza las palabras de mi profesor de "Taller de Comunicación Periodística": "Lorena, esto es Periodismo, no Literatura". Pero ya no me irritan ni me sonrojan. Y menos aún me meten el dedo en la llaga, porque sé que no tengo que elegir, porque sé que el Periodismo no es una ciencia dura en donde hay que rellenar una bendita pirámide invertida, ni que el trabajo de Walsh fue vanguardista y ya.
A veces me pregunto sobre mis verdaderos fundamentos para hacer lo que hago, estudiar lo que estudio, y elegir los caminos que elijo. Cuando decidí sumergirme en la carrera en la que navego (o naufrago) lo hice pensando en que el arte era egoísta, por eso deseché estudiar arte. Lo cierto es que desde siempre se dieron en mi un gran fluir de expresiones que canalicé a través del dibujo, de la poesía, del teatro, de la literatura, de la fotografía, del guión de cine...siempre me gustó hacer cosas, producir cosas. El resto del mundo siempre me afligió. Mi paso por la escuela fue una rebeldía constante, mi burla a la mayoría de los profesores fue atroz, siempre quise exponerlos, demostrar que no sabían nada, que leían el librito y lo seguían en perfecto orden para inculcarnos a los estudiantes su mandato civilizador y patriótico. Mi paso por el mundo laboral que sigue vigente también fue siempre así. Quizás por eso odié desde pequeña que me dieran órdenes, quizás porque no respeto las jerarquias, quizás porque me gusta cuestionar absolutamente todo. Pero siempre fui una excelente alumna y buena trabajadora. Tuve el mejor promedio de la escuela, estuve en la bandera, el Intendente me dió una medalla de plata. En los trabajos coseché diferentes regalos y reconocimientos. Y eso quizás entra en mis dicotomías. Siempre me sonrojó eso. Me sonrojó haber salido, como siempre dije: "un excelente producto del sistema educativo". Y no había leído a Foucault en ese entonces.
Mi problema está en no poder dejar de decir lo que pienso. Por ejemplo, el viernes pasado almorzabamos en una pizzería con mi supervisor y el gerente de mi división y compañeros, cuando mirando la televisión, pasaron lo de Terrabussi, y yo me puse a explicarles que los dueños de Kraf eran unos hijos de puta y sobre el derecho a manifestarse de los trabajadores a los que le quitan sus puestos de trabajo. Esas son las cosas que yo debo aprender a callarme. Mi supervisor me contestó: "el idealismo se pierde cuando apremia el hambre". Y yo le respondí: "si, por eso trabajo acá".
Bueno, volviendo al tema del periodismo y la literatura, siento que esta última me suelta la mano porque no tengo tiempo de leer y menos aún de escribir. Últimamente solo he leído teorías sobre el Periodismo e Historia Argentina. Y quizás por eso me pongo ahora a escribir estas lineas soltadas, vomitadas directamente en este blog, como todo. Espero que me crean cuando les digo que nunca sé de lo que voy a escribir, sino que abrp: creación de entradas, y suelto ahí lo que se me viene a la cabeza. De esa manera espero empezar a soltar libros cuando se dé el momento. Cuando tenga el tiempo de dedicarme solamente a esto. Por eso quiero recibirme pronto, para poder ir con un título a buscar un trabajo, porque a pesar de mis siete años de cursada, a pesar de mis incursiones en el periodismo, de mi publicación de notas, de los comentarios que suscitan, no me llamo a mi misma periodista. Si lo hace el director de la web para la que escribo, quien me puso en el staff como periodista, y a mi sigue dandome verguenza. Quizás porque pienso que toda mi formación vale más que la aparición recurrente en los medios de personas que no están aptas para comunicar. Y que me perdonen todos los que escriben en blogs, no se es periodista solo por contar hechos o construir noticias. Se es Periodista formándose en una Universidad, como lo hago yo y miles de estudiantes que se desarman los sesos aprendiendo miles de teorías, analizando miles de discursos, lideando con cientos de profesores con cara de orto en los finales. Uno es periodista estudiando, formándose, y aprendiendo, no un conjunto de reglitas de redacción, si no aprehendiendo un conjunto de relaciones sociales que se dan en niveles tan abstractos que no tienen ni idea.
Creo que mi deseo de comunicarme encontró este canal, que es la carrera que curso, y en ella convergen todos mis deseos. Pero quiero más, quiero seguir encontrandole el camino en el que rumbeen juntos, el arte y la comunicación. En eso estoy, mientras espero que la literatura no me suelte la mano, porque yo, no se la pienso soltar jamás.